Meganie entraba a su
departamento a oscuras, acariciando la pared en busca del interruptor de la
luz, una vez que lo hubo encontrado, la habitación entera se iluminó, dejando a
la vista enormes ventanales que permitían observar la cuidad, una cocina estilo
americana con tres sillas, dos sillones aterciopelados, una mesita para el café
y una puerta que debía de conducir hacia la habitación.
Luego de quitarse la
chaqueta y tirarla ciegamente sobre alguno de los sillones, se acercó a los
ventanales y desde ahí observó una vista panorámica de la cuidad de Paris que se
extendía ante ella, hace no más de medio año que se mudó a aquella cuidad,
luego de la muerte de su madre fue obligada a vivir con su tío; el cual no
recordaba y solo había visto una vez antes de eso, en el funeral de su padre
hace nueve años, por lo que lo recordaba con suma vaguedad.
Una vez que su madre
murió, su tío llegó desde Francia para llevársela, al ser su único familiar vivo,
se volvió su tutor legal. Meganie se negó rotundamente al principio, no quería
dejar su hogar en Chicago, Estados Unidos, donde vivió toda su vida, ni a sus
amigos de siempre y menos que nada a su novio, Jonh, con el cual llevaba dos
años de noviazgo, era un chico moreno, de ojos castaños y de cabello claro. No
tuvo más opción que dejar todo lo que conocía e ir con su tío, porque si no,
sería obligada a vivir en un orfanato o algún hogar adoptivo en quien sabe dónde
con quien sabe quien.
Desde que llegó a
Paris, no tuvo muchas oportunidades de verse con su tío, ya que una vez que
llegaron, la dejó en las puertas de un lujoso edificio apartamental que le
pertenecía y le entregó unas llaves, desde entonces ella estuvo viviendo sola
en el departamento. Cada día alguien le limpiaba la habitación, le preparaban
el desayuno de lunes a viernes, le hacían el almuerzo y cena los fines de
semana, y compraban los víveres que necesitase para toda la semana, así que no
se preocupaba de nada más que de la escuela, que se encontraba a siete cuadras
de donde vivía.
Volviendo a el
departamento, Meganie se dirigió hasta su habitación, en donde se desprendió de
toda su ropa, lanzándola distraídamente por todas partes, se acercó al espejo y
observó con atención, su cabellera rubia caía sobre sus hombros una vez que se
desprendió de los adornos que lo sostenían, mientras sus ojos celestes
pestañeaban intentando acostumbrarse a la intensa luz del baño. Meganie regresó
a su habitación y una vez que todas las luces estuvieron apagadas, su esbelto y
cansado cuerpo cayó sobre la cama, miraba por la ventana, las luces de la
cuidad, mientras sus ojos se iban entrecerrando poco a poco.
El día de mañana sería
sábado y Meganie debía ir a una de las fiestas de ricachones que su tío había
organizado para informar a sus socios alguna u otra cosa de negocios que ella
no entendía para nada, ya que su tío no tenía más familia que ella, se veía de
alguna manera obliga a asistir, aunque tampoco le gustaba pensar en la
posibilidad de dejar a su tío solo, en ese mundo donde sabía que el hombre era
criticado por no tener esposa ni hijos, y más que nada por estar cuidando a la hija
de su hermana, que renunció a todo lo que le correspondía, junto con su
verdadero apellido una vez que se escapó con el padre de Meganie.
Estaba a punto de
caer dormida cuando escucho un fuerte estruendo, proveniente de la sala, como
si alguien hubiese abierto la puerta y luego se escucho el sonido de un vaso
caer y deshacerse en miles de pedazos. Meganie saltó de su cama y algo
somnolienta caminó hacia la sala, luego de golpearse con la puerta, algo
aturdida y desconcertada, vio como una persona encapuchada se encontraba
registrando los cajones de la cocina, vio como tomó un cuchillo y de un segundo
a otro se abalanzaba sobre ella…
Meganie, tomó el
teléfono y llamó a su tío para que enviara a alguien, era la segunda vez en ese
mes que eso le pasaba, pero a diferencia de la vez anterior, el otro tipo
llevaba una pistola con él, pero no tuvo la oportunidad de usarla. De todas
maneras lo detuvo a ambos de la misma manera, en el instante en el cual el
hombre encapuchado se abalanzó sobre ella, una puerta de su refrigerador se
abrió y en fracciones de segundos una capa de hielo proveniente del congelador
cubrió completamente al hombre.
– ¿Alo?- Dijo una voz
ronca desde el otro lado del teléfono.
–
Han entrado nuevamente, envía a alguien- Dijo Meganie
y sin esperar que la voz del otro lado contestase, colgó el teléfono.
Luego de eso, pasó a
un lado del hombre congelado, se dirigió
a su habitación nuevamente, y en menos de un minuto ya estaba completamente
dormida.