Ambos jóvenes se encontraban desayunando en una
cafetería. Meganie comía una gran dona y un jugo de frambuesa, a diferencia de
Drake quien solo tomaba un café. Mientras se encontraban en la cafetería
Meganie se dio cuenta de que toda la gente los miraba, bueno, no es algo de
extrañarse, ya que iban con una gran maleta, Drake iba con un terno completamente
destrozado, sin olvidar que él en si llamaba bastante la atención,
principalmente a mujeres, a las cuales les dedicaba una mirada coqueta.
–
¿A dónde vamos a ir? – Preguntó algo desconcertada Meganie, al percatarse de que ya no podría
volver a vivir en su departamento.
– Tu tío me dio una dirección, pero no tengo idea de qué es, ni donde es,
pero ahí tendremos que ir – En ese instante, la
joven empezó a tocarse desesperadamente el cuello.
–
¡Mierda! – Luego empezó a
buscar en los bolsillos de su bolso – ¡Mierda!
–
¿Qué te sucede ahora? – Algo enojado ya que su acompañante no se queda quieta y llamaba todavía
más la atención.
–
Lo he dejado en el departamento – Su cara mostraba preocupación.
–
¿Qué has dejado? – Intentando que la joven se quedara quieta.
–
He dejado el collar que me dio mi novio en casa – Con solo
escuchar su voz se notaba cuán importante era.
–
Como te he dicho antes, no podemos volver y además te
he dicho que solo trajeses lo necesario e importante – No le interesaba
arriesgarse a regresar por un capricho de la joven.
–
Pero él me lo dio antes de irme, es importante para mi
–
No quería aceptar la idea de perderlo.
–
¡He dicho que no! – Se paró y tomó la mochila – ¡Vamos! – La joven iba a protestar, pero Drake la fulminó con la mirada, haciendo
cerrar su boca en un dos por tres y poniéndola en marcha, como una buena niñera.
El camino fue silencioso, Meganie fue todo el trayecto
tras Drake, pensando en el collar que había dejado en el departamento, sabía
que al enterarse, Jonh se pondría furioso. Sin importar cuantos kilómetros los
separasen, ellos no pensaban terminar, por nada, ni nadie en el mundo.
Tuvieron que tomar el metro, aunque Drake estaba algo
perdido, no consultó a nadie y ni siquiera dudaba cuando bajaba en una
estación, aunque se equivocó por lo menos dos veces. Se demoraron bastante
caminando, pero al fin lo lograron, llegaron a la calle que estaba anotada en
el papel, que el tío de Meganie le había entregado a Drake la noche pasada.
– “Avenida Agustín Dumont con Rue Parteur”, Me temo que
tendremos que vivir aquí – Era una casa
anticuada, que se encontraba en la esquina de ambas calles.
–
Pues a mí me gusta – Comentó la chica luego de al menos dos horas sin haber hablado.
Drake abrió la cerca con una de las llaves que le
habían dado junto con el papel y luego abrió la puerta de la casa, que emitió
un chirrido algo molestoso, tendrían que ponerle algo de aceite a esa puerta.
La casa estaba iluminada con la luz del mediodía, era una casa bastante simple,
con nada fuera de lo común a diferencia de sus nuevos inquilinos. En el segundo
piso se encontraban ambas habitaciones, cada una con su propio baño y en el
primero la sala de estar con dos sillones, una mesa de café y una televisión
pequeña, en la cocina se encontraba la escalera para ascender al segundo piso y
pues estaban todas las cosas que deberían estar en una cocina, junto con un
refrigerador repleto de comida, la cocina conectaba con un comedor que poseía
una mesa medianamente grande que tenía seis puestos. La casa estaba bastante
limpia, debieron haberla limpiado antes de que ellos hubiesen llegado.
–
Elije tu habitación, iré por mis cosas e intentaré que
mi abuelo me deje traer uno de mis autos, ya que tuve que abandonar uno en el
departamento – Dándole una mirada asesina a la joven – No salgas de casa y no abras la puerta a nadie. Volveré dentro de… pronto
–
Y rápidamente Drake se fue por la puerta dejando a
Meganie completamente sola.
Ella subió por la escalera, y reclamó la habitación
con el baño más grande, dejó sus cosas en la cama y empezó a ordenar su ropa en
el mueble, poniendo cada cosa en su propio cajón. Se demoró como mínimo una
media hora. Bajó a la sala de estar y prendió la televisión, estuvo viéndola
por lo menos una o dos horas, cuando le bajó el hambre y decidió ir a la cocina
a prepararse algo. Se preparó un emparedado de jamón y queso, el cual devoró en
pocos minutos. Miró el reloj de la cocina y se percató de que Drake aún no
llegaba. Fue cuando se paró para volver a ver televisión, cuando alguien golpeó
a la puerta.