viernes, 27 de septiembre de 2013

Capitulo 1

Meganie entraba a su departamento a oscuras, acariciando la pared en busca del interruptor de la luz, una vez que lo hubo encontrado, la habitación entera se iluminó, dejando a la vista enormes ventanales que permitían observar la cuidad, una cocina estilo americana con tres sillas, dos sillones aterciopelados, una mesita para el café y una puerta que debía de conducir hacia la habitación.

Luego de quitarse la chaqueta y tirarla ciegamente sobre alguno de los sillones, se acercó a los ventanales y desde ahí observó una vista panorámica de la cuidad de Paris que se extendía ante ella, hace no más de medio año que se mudó a aquella cuidad, luego de la muerte de su madre fue obligada a vivir con su tío; el cual no recordaba y solo había visto una vez antes de eso, en el funeral de su padre hace nueve años, por lo que lo recordaba con suma vaguedad.

Una vez que su madre murió, su tío llegó desde Francia para llevársela, al ser su único familiar vivo, se volvió su tutor legal. Meganie se negó rotundamente al principio, no quería dejar su hogar en Chicago, Estados Unidos, donde vivió toda su vida, ni a sus amigos de siempre y menos que nada a su novio, Jonh, con el cual llevaba dos años de noviazgo, era un chico moreno, de ojos castaños y de cabello claro. No tuvo más opción que dejar todo lo que conocía e ir con su tío, porque si no, sería obligada a vivir en un orfanato o algún hogar adoptivo en quien sabe dónde con quien sabe quien.

Desde que llegó a Paris, no tuvo muchas oportunidades de verse con su tío, ya que una vez que llegaron, la dejó en las puertas de un lujoso edificio apartamental que le pertenecía y le entregó unas llaves, desde entonces ella estuvo viviendo sola en el departamento. Cada día alguien le limpiaba la habitación, le preparaban el desayuno de lunes a viernes, le hacían el almuerzo y cena los fines de semana, y compraban los víveres que necesitase para toda la semana, así que no se preocupaba de nada más que de la escuela, que se encontraba a siete cuadras de donde vivía.

Volviendo a el departamento, Meganie se dirigió hasta su habitación, en donde se desprendió de toda su ropa, lanzándola distraídamente por todas partes, se acercó al espejo y observó con atención, su cabellera rubia caía sobre sus hombros una vez que se desprendió de los adornos que lo sostenían, mientras sus ojos celestes pestañeaban intentando acostumbrarse a la intensa luz del baño. Meganie regresó a su habitación y una vez que todas las luces estuvieron apagadas, su esbelto y cansado cuerpo cayó sobre la cama, miraba por la ventana, las luces de la cuidad, mientras sus ojos se iban entrecerrando poco a poco.

El día de mañana sería sábado y Meganie debía ir a una de las fiestas de ricachones que su tío había organizado para informar a sus socios alguna u otra cosa de negocios que ella no entendía para nada, ya que su tío no tenía más familia que ella, se veía de alguna manera obliga a asistir, aunque tampoco le gustaba pensar en la posibilidad de dejar a su tío solo, en ese mundo donde sabía que el hombre era criticado por no tener esposa ni hijos, y más que nada por estar cuidando a la hija de su hermana, que renunció a todo lo que le correspondía, junto con su verdadero apellido una vez que se escapó con el padre de Meganie.

Estaba a punto de caer dormida cuando escucho un fuerte estruendo, proveniente de la sala, como si alguien hubiese abierto la puerta y luego se escucho el sonido de un vaso caer y deshacerse en miles de pedazos. Meganie saltó de su cama y algo somnolienta caminó hacia la sala, luego de golpearse con la puerta, algo aturdida y desconcertada, vio como una persona encapuchada se encontraba registrando los cajones de la cocina, vio como tomó un cuchillo y de un segundo a otro se abalanzaba sobre ella…

Meganie, tomó el teléfono y llamó a su tío para que enviara a alguien, era la segunda vez en ese mes que eso le pasaba, pero a diferencia de la vez anterior, el otro tipo llevaba una pistola con él, pero no tuvo la oportunidad de usarla. De todas maneras lo detuvo a ambos de la misma manera, en el instante en el cual el hombre encapuchado se abalanzó sobre ella, una puerta de su refrigerador se abrió y en fracciones de segundos una capa de hielo proveniente del congelador cubrió completamente al hombre.

¿Alo?- Dijo una voz ronca desde el otro lado del teléfono.

–  Han entrado nuevamente, envía a alguien- Dijo Meganie y sin esperar que la voz del otro lado contestase, colgó el teléfono.


Luego de eso, pasó a un lado del hombre congelado,  se dirigió a su habitación nuevamente, y en menos de un minuto ya estaba completamente dormida.

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