La campana se oyó sonar nuevamente en los pasillos y
aulas de clases, que marcaba el final de la tercera clase y la hora de
almuerzo. Luego de las clases de historia, literatura y matemática, Meganie
estaba demasiado cansada, aún le quedaban dos horas mas de clases y no sabía
cómo iba a resistirlas, se formó en la fila de la cafetería con Fi, esperando
su turno para servirse lo que apetecieran. Meg tomó un plato de jalea, uno de
flan y una manzana, Fi en cambio se sirvió un plato de comida sorpresa de la
cocinera de la cafetería, que al verlo sentía terribles nauseas y dudabas si
eso era comestible.
Una vez se hubieron servido sus vasos de jugo y agua,
se dirigieron a sentarse en la mesa donde se encontraba Sam y otro chico, ese
chico era Adrián, según las chicas de la escuela el más apuesto, con su
cabellera rubia y ojos oscuros, según ellas un cuerpo de modelo, pero Meg no
sentía más que mera repulsión por él, le era un suplicio soportarlo en
matemática y en el almuerzo todos los días, lo encontraba estúpido y arrogante,
cuando pensó eso, se acordó de Drake, se parecían bastante en ese sentido,
provocándose así una risita. Luego de que ambas chicas hubieran tomado asiento
empezaron a comer.
Meg miró a sus dos amigos y se acordó de cómo llegaron
a ser amigos, en su primer día. Ese día en la escuela estaba realmente triste
de no conocer a nadie, pero se mostraba enojada y amargada. Cada vez que
alguien le iba a dirigir una palabra ella los fulminaba con una feroz mirada,
lo que hacía que sea quien sea, se retractara y se fuera. Pero cuando estaba
sentada sola en la cafetería, comiendo únicamente un pedazo de pie de limón, se
le acercaron dos jóvenes.
– Estas muy sola, ¿Quieres que te acompañemos? – Dijo alegremente la chica, que resultó ser Fi.
– No– Fue la única respuesta de Meg, sin siquiera mirarlos.
–
Me llamo Sam y ella Fi, un gusto conocerte, ¿Cómo te
llamas? – Y sin hacer caso a lo que dijo Meg, se sentaron con ella.
Impresionantemente, así fue como se volvieron amigos,
acosaron a Meg con preguntas hasta que esta por fin logró romper el muro de
frialdad que la rodeaba y empezó a hablar con ellos.
Cuando su recuerdo terminó no pudo evitar soltar una
sonrisa, se sentía feliz de haberlos conocido aunque aún extrañaba su antigua
escuela.
– ¿A que viene esa estúpida sonrisa? – Era Adrián, que volvía a soltar uno de sus odiosos comentarios- Sonríes
sola, que pena me das.
La sonrisa de Meg desapareció y le lanzó una mortífera
mirada a aquel joven, sentía que le hervía la sangre cada vez que escuchaba su
odiosa voz y deseba que un meteorito cayera sobre su cabeza.
– Estaba imaginando que la lámpara caía sobre tu cabeza – Dijo, controlándose a si misma y volviendo a sonreír, pero esta vez no
sola, ya que a sus otros dos compañeros de mesa igual les hizo gracia su
comentario.
Una vez que todos hubieran terminado su almuerzo, se
pusieron a planificar la película que irían a ver el viernes, salida a la cual Adrián
igual estaba incluido.
–
Yo voto por una romántica, ¿me apoyas Meg? – Fi amaba
las películas románticas y aunque lloraba en cada una de ellas siempre
terminaba desahogándose con Meg en vez de con Sam.
Aunque ambos fuesen novios, no parecían ser más que
dos amigos.
– A mi me da igual, pero prefiero las infantiles – Meg amaba las películas de niños pequeños, por sus historias, dibujos y
cuando las miraba sonreía de principio a fin.
– No eres más que una bebé, yo opino que veamos una de terror o de
zombies – Adrián siempre se creía masculino por ver esas
películas, lo que hacía a Meg irritarse nuevamente.
– Deberíamos ver una de acción o coches, esas son de las buenas – Sam era un fanático a todo lo que tuviera explosiones o armas. Hubo un
infinito debate de que película debían ver, que no acabo hasta que Sam volvió a
hablar – Bueno, como vamos a ver dos películas, hagamos esto, tiraré una moneda
y si sale cara, nosotros elegimos las dos películas y si sale sello ustedes
dos, ¿Les parece? – Él era siempre quien resolvía las disputas en el grupo.
Como todos aceptaron, tiraron la moneda y salió cara,
los chicos tendrían que elegir y por lo visto verían una película de acción y
una de terror. Cuando ellas se lamentaban la campana sonó, tenían que ir de
vuelta a la sala de clases, a cada uno le tocaba clase diferente, así que se
separaron.
Meg tenía física, siempre odió esa clase, encontraba
que aprender eso era estúpido y luego de descubrir sus poderes, la odiaba aún
más por que sabía que no eran más que mentiras. En toda la clase no prestó
atención al profesor y jugó con su goma, volviéndola una esfera o un cuadrado,
luego con el carbón de su lápiz, pensó en lo ridículo que se vería el
flacuchento de su profesor con falda e hizo que se impregnara el carbón en la
forma que se lo imaginaba, logrando así un perfecto dibujo.
– Señorita Blanc’s a la oficina de director, ¡Ahora! – Casi se cae de su silla al oír el grito de su profesor a sus espaldas,
que vio el dibujo que había hecho, debió haber prestado más atención a su
ubicación mientras jugaba con sus cosas.
Meg se paró y salió de la sala, llevando consigo su
mochila y cuaderno. Ahora tenía que subir las escaleras hasta la cúpula del
director por primera vez, pero no le preocupaba, no la podrían castigar porque
era la primera vez que iba a su oficina y no podían llamar a su tío ya que él
debía estar trabajando, así que solo tendría que escuchar un latoso sermón.
Mientras subía tubo la escalofriante sensación de que alguien la vigilaba.