Meganie paró en seco, su corazón empezó a palpitar muy
fuerte, nadie debía de saber dónde vivían ya que acababan de llegar, pero sabía
que no era Drake, él había llevado las llaves y no hubiera tocado la puerta… lo
peor de todo, que como no conocía la casa, no sabría como defenderse si ese
fuera el caso. Tomó un cuchillo de la cocina, y se encaminó hacia la puerta.
Tal vez los estuvieron siguiendo todo el camino y aprovechaban de atacar ahora
que se encontraba sola. Muchas cosas pasaron por su cabeza, principalmente
sobre los devoradores de almas, ¡Quizás venían a comerse su alma! Eso
pensamiento hizo que el corazón de Meganie se acelerara aún más.
Al llegar a la puerta, se dio cuenta de que no había
forma de mirar hacia afuera, por lo que maldijo a la vieja casa, tomó la
manilla de la puerta y rápidamente la abrió hacia adentro echándose enseguida
para atrás, imitando una ridícula pose de defensa de guerreros que hace poco
había visto en televisión.
–
¿Qué estas haciendo? – Era el abuelo de Drake, que
estaba vistiendo un traje algo más casual a diferencia del que llevaba la noche
anterior – ¿Es algún nuevo poder? – Se burló.
–
Lo siento, pensé que podía ser alguien malo… – Retomando su postura normal y dejando el cuchillo en la mesita del
teléfono que tenía a la izquierda.
–
Parece que ya te has puesto cómoda – Dijo una vez que escuchó el sonido de la televisión prendida – ¿Puedo pasar?
–
Como no, adelante – Lo guío hasta la sala de estar, donde una vez que ambos estuvieron
sentados, apagó la televisión, se lamentaba por ello, estaban dando un programa
que deseaba ver hace tiempo, pero el hombre que se sentaba a su lado le daba bastante
miedo como para no prestarle la atención necesaria– ¿Qué sucede? ¿Le pasó algo a Drake?
–
Solo vine a visitar, además el vendrá algo tarde, lo
he mandado a resolver algunos asuntos, así que será mejor que no lo esperes
despierta – Aquel hombre emanaba un aire de superioridad increíble, cuando Meganie
lo miró a los ojos, se dio cuenta de que él también era un dragón – Una vez que hayas visto a un dragón, te serán más fácil reconocerlos,
lo mismo sucede con los devoradores.
Hubo un silencio incómodo, ninguno de los dos decía
nada, tampoco se miraban, parecía que nunca se iba a terminar, hasta que, el
canoso hombre se puso a buscar algo en su bolsillo, estaba envuelto en un paño
que parecía ser seda.
–
Drake, es un dragón joven, aún no sabe bien para quién,
ni por qué pelea, suele salirse de control cuando se enoja y llega a ser muy
maleducado – Le entregó el objeto a Meganie y ésta lo desenvolvió – Pero aún es
débil.
–
¿Un anillo? – Lo miró, era un
anillo de oro blanco, que poseía grabados de dragones alrededor de él – ¿Qué tiene esto que ver con Drake?
– Este anillo te permitirá capaz de controlar a Drake, puedes ayudarlo a
ser más fuerte o más débil, úsalo cuando no te haga caso – Mencionó con suma tranquilidad.
–
¿Por qué yo? ¿No sería mejor si se lo queda usted? – Sin poder despegar la vista del anillo aún.
–
Solamente un humano es quien puede ser capaz de
usarlo, como ves yo soy un dragón y tu una humana, aunque tengas poderes, no
eres más que una simple humana– Las palabras de
egocentrismo y superioridad, molestaron a Meganie pero no se atrevía a
contradecir a aquel hombre.
–
Entonces, ¿Cómo lo uso? – Lo miró incrédula, como se suponía que un anillo controlase a un dragón.
Tal vez una espada, o una daga, pero ¿Un anillo? ¿Qué podría hacer con él?
–
Es bastante simple, lo único que tienes que hacer es estar cerca de Drake y
decir estas palabras… – El hombre se le acercó a la oreja de la joven y le susurró
al oído unas palabras. Se levantó del sofá y dijo – Cuídalo, y una vez que te lo pongas debes de estar segura de que lado
vas a pelear, porque solo tú y nadie más que tu podrá quitarlo – Fue así como se encaminó hacia la puerta y se fue dejando nuevamente a
Meganie sola.
Miró en anillo, pensó en Drake, en su nombre, en las
palabras, en dragones… se puso el anillo, y se fue a su habitación, se ducho,
se puso ropa de dormir y una vez lista, se recostó en su cama en la cual jugo
con la tierra de un macetero que estaba en la ventana, moldeando y formando
figuras de tierra a su gusto. Hasta que el cansancio le ganó y lentamente se
adentro en lo más profundo del sueño.
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