Meganie se subió a la limusina, mientras el chofer le
mantenía abierta la puerta. Eran las siete de la tarde y la fiesta de su tío
comenzaría a las nueve en punto. Llevaba un vestido celeste, largo, diseñado
especialmente para ella, llevaba el pelo caído sobre los hombros y se había
maquillado un poco, aunque odiase hacerlo, su tío le insistía de ir así a las
fiestas. Su tío siempre le decía que debía comportarse como una señorita,
educada y callada. No le era algo muy difícil de hacer, ya que solía mantenerse
al margen de las demás personas y rara vez hablaba con alguien, a excepción, de
las veces en las que su tío presumía de ella frente sus socios o enemigos de
negocios.
Al llegar a la mansión, ya eran las ocho de la noche,
el viaje era bastante largo, ya que su tío vivía muy lejos, a las afueras de la
ciudad. Entró por la puerta principal y se dirigió al vestíbulo, donde ya todo
estaba listo, la comida estaba en los mesones, los meseros preparados para
atender (con una pagada sonrisa), los tragos estaban en sus lugares, separados
por tipo, tras la mesa del barman y su tío completamente preparado para la
larga noche, con un esmoquin negro que, aunque fuese igual al que siempre usaba,
debía de ser nuevo.
– Que bien que has llegado, ésta noche te presentare a
mucha gente importante – Le dijo una vez que la hubo saludado.
– ¿Es algo de lo que debo alegrarme? – Contesto la joven, mientras
sonreía irónicamente.
Su tío, hizo como si ésta no hubiera dicho ni una
palabra y salió del vestíbulo para verificar que todos los preparativos estuvieran
listos y en orden. Mientras tanto, Meganie se escabulló hasta la biblioteca,
esperaría a que lleguen los demás invitados antes de presentarse a la fiesta,
así que como no tenía nada mejor que hacer, se puso a leer alguno que otro
libro que le pareció interesante, maldiciendo en ese instante a su tío por no
tener televisión en ninguna habitación de su inmensa mansión.
Luego de haber pasado como mínimo una hora en la
biblioteca, decidió dirigirse al vestíbulo para la fiesta y no ser sermoneada
después. Debía haber al menos cincuenta personas, los ricos parecían ser
bastante puntuales. Inspeccionó con la mirada a cada una de las personas y
luego se dirigió a la mesa de tragos, miró hacia todos lados, comprobando que
ni su tío ni alguno de sus criados estaban en las cercanías pidió un vaso de lo
más fuerte de la casa, esperando pasar esa noche lo más rápido posible. Pero al
darse la vuelta con su trago en la mano, vio como su tío caminaba hacia ella
con una amplia sonrisa en el rostro, junto con dos personas a su lado. Meganie,
se vio acorralada, su tío no podía descubrirla bebiendo alcohol y no se le
ocurrió mejor solución que tomarse de un solo sorbo el contenido del vaso.
–
Aquí estabas querida, no te había visto por ningún
lado, bueno caballeros déjenme presentarles a mi sobrina y única familiar,
Meganie Blanc’s – La presento, con el verdadero apellido de su madre,
dirigiéndose a los hombres que le acompañaban.
– Elliot Wyvern, dueño de empresas Wyvern, un gusto – Se introdujo cordialmente un hombre canoso, junto con una leve
reverencia.
– El placer es mío – Respondió Meganie, quien
sabía de memoria como debía contestar, cuando se dio vuelta a mirar al otro
hombre vio sus ojos anaranjados y no se dio cuenta de quién era hasta que éste
le tomó la mano y la besó. Era el mismo joven que la había ayudado en la
cafetería esa misma mañana.
– Drake Wyvern, a su servicios – Decía mientras con
sus manos formaba una discreta seña de silencio.
– Creo que será mejor que nosotros nos vayamos a hacer el anuncio más
esperado de la noche – Entrelazando
las manos de emoción, el tío de Meg y el hombre canoso se fueron y se pararon
en el centro del vestíbulo. Haciendo sonar una copa con una cuchara, todo el
mundo calló y les miró – Quiero anunciar esta noche, que desde mañana mismo,
yo y el señor Wyvern, seremos socios, ¡Uniremos nuestros negocios! – La gente aplaudió y ambos hombres se dieron un apretón de manos y el
tipo canoso empezó a hablar, sobre dinero y negocios.
Meganie estuvo en blanco un minuto, no entendía lo que
sucedía, a su lado estaba el mismo chico de la mañana, que al parecer estaba
tan aburrido como ella, fue en el instante que todos empezaron a hablar
nuevamente, que se empezó a marear y chocó con la pared. Se sintió arrastrada
por alguien y al abrir los ojos, se encontraba en la terraza.
–
¿Qué mierda te sucede? ¿Has tomado algo? – Fue en ese instante que volvió a entrar en razón, o por lo menos alguna
parte. Drake la llevó hasta la terraza, estaba bien, excepto que sus piernas le
pesaban y al tambalearse no pudo resistir y cayó al piso – ¡He! ¿Me estas escuchado?
– Si, si, he tomado una copa, pero no pasa nada – Respondía
aún estando en el suelo.
– Ahora lo más importante, ¿Por qué no te libraste sola en la mañana?
¿Acaso no eres una “Blanc’s”? o acaso ¿Estas acostumbrada a que los demás hagan
las cosas por ti? – Poniendo un estúpido acento en nombrar el apellido de
Meganie.
– Claro que si soy una Blanc’s, ¿Por qué lo dices? – Le empezaba a molestar que la mirase con esa cara burlona.
– Porque tu familia tiene a los Rems más poderosos – Sin dejar de lado la
odiosa entonación – Me esforcé por nada esta mañana.
– ¿Rems? – Meganie no entendía a que se refería eso.
–
Te suena algo ¿Controladores de materia?
–
¡Como sabes eso! – Nadie más que ella y su tío lo
sabían en la actualidad – Y que son los ¿Rems?
– Lo sé todo, acaso ¿Tampoco sabes quienes son los Wyvern? ¿Puedes
controlar la materia? ¿Pero no sabes que son los Rems? ¿Estas ebria? O ¿Eres estupida?
– Riéndose de ella con la mirada.
– No, si, no, algo y no. ¿Qué es lo que sabes? Quiero que me lo digas
todo lo que sabes ¡Ahora! – Se había enfurecido, algo para nada bueno.
– ¿Por qué debería? Además aquí es imposible, hay
demasiada gente – Mirando para adentro y viendo a todas las personas hablar y
reír con falsedad.
–
Bueno llévame a mi departamento y allí me lo dirás
todo – Su tono cambió enseguida y sin vacilar se paró y obligó a Drake a
llevarla hasta su departamento. Tal vez así, podría contestar todas las
preguntas que tenía, y averiguar lo que su tío nunca le quiso decir.
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